Lo que necesitas saber para tus propósitos de año nuevo (o de cuando sea)
Llega enero y con él una lista de propósitos que nos prometemos cumplir este año sí o sí, a pesar de que ya dijimos lo mismo el año pasado. Durante las últimas-primeras semanas del año, las redes sociales se llenan de reflexiones, “recaps” y propósitos de año nuevo. Que todo el mundo lo esté haciendo nos genera una sensación de quedarnos atrás si no lo hacemos nosotros también. Así que, nos ponemos a ello. O no, y aparece la mosca detrás de la oreja que nos recuerda que “tenemos que ponernos a ello”.
O quizás, no es enero, es septiembre (otra de las fechas por excelencia para revisar nuestros hábitos y propósitos). O es simplemente un mes cualquiera en el que te estás planteando que hay algo que no encaja y sientes que tienes que revisar.
Si a ti también te pasa que te sientes obligado a hacer estas reflexiones y hacer la lista de nuevos propósitos (en enero, septiembre o cuando sea), pero no terminas de conectar con ellos, o no tienes del todo claro tus propósitos, aquí van algunas reflexiones que pueden ayudarte a enfrentarte a ello con un poco más de claridad.
La mentira del año nuevo, vida nueva, y cómo repetir propósitos año tras año
Nos hemos creído que, con la entrada de un nuevo año, tenemos que cambiar nuestra vida drásticamente, igual que cambiamos de calendario. Generalmente, escribimos la lista muy motivados, empezamos los primeros días con muchas ganas imaginándonos un nuevo Yo muy distinto tras conseguir esos objetivos.
La desmotivación llega pronto y desechamos los propósitos que nos habíamos puesto, como nos pasa cada año, y volvemos a ser el mismo Yo que el año pasado, repitiendo los mismos patrones. Es cuando aparece una sensación incómoda, que viene de la mano de “no soy capaz, otra vez igual”, comparaciones con los demás, donde pensamos que los demás pueden y nosotros no, no tenemos la fuerza de voluntad que otros tienen. Y, otra vez, acabamos sintiéndonos estancados. Ya volveremos a intentarlo el año que viene 🤷🏽♀️
¿Cómo pretendemos que las cosas cambien si no hacemos nada diferente?

Podemos empezar por preguntarnos qué sentido tienen para nosotros
Al plantearnos los objetivos del año nuevo, pueden pasar dos cosas: que nos salga una lista casi por inercia (de los típicos y/o los que no conseguí el año pasado) o que no tenga ni idea de qué poner en la lista. Empecemos por analizar la primera situación para luego poder preguntarnos qué objetivos incluyo en mi lista.
Es diciembre o enero, te sientas a escribir tus propósitos y empiezas a rellenar con los típicos: quiero leer más, quiero hacer más ejercicio, debería comer mejor, debería ordenar más, quiero meditar, voy a fumar/beber menos, voy a usar menos tiempo el móvil/las pantallas… como si los sacáramos de una plantilla preestablecida.
Pero no te planteas por qué has elegido el número 1, 3 y 6 de esa lista universal. He aquí el primer error que cometemos todos. La razón principal por la que perdemos la motivación por el camino y el objetivo se va diluyendo y desaparece. Por lo que la primera pregunta debería ser ¿es importante para mí esto? Déjanos ilustrarte con un ejemplo:

En base a las respuestas anteriores, cogería la idea principal que tenía, qué quería conseguir escribiendo “leer más” y analizaría si encaja con el valor con el que he conectado.
Así pues, si mi idea era conseguir leer X libros al año/mes o conseguir una racha de lectura impecable (resultados medibles y que pueden ayudar a la motivación), me preguntaría si esto responde en realidad a la importancia que le doy a leer. En otras palabras, ¿leo por tachar de mi lista o enseñar cuántos libros he leído? o ¿leo porque disfruto la historia o aprendo algo?
Si responde más a la primera opción que a la segunda, entonces no estoy poniendo el foco en lo que me importa y es muy probable que me desmotive fácilmente. Además, es mucho más probable que deje de leer si “fallo” un día de la racha o si no consigo leer un mínimo de libros al mes (lo cual por cierto, ¿quién es capaz de leer tanto de verdad en tan poco tiempo?🤔)
Si en cambio, responde más a la segunda pregunta, entonces este valor será mi guía, como una brújula que me indica por dónde está mi norte. Y así, aunque no lea todos los días, lea unos días más que otros, y pasen cosas en mi vida que no me permitan llevar una racha continua de lectura, será más probable que lea cada vez que pueda, enfocándome en lo que obtengo de leer per se, más que en si puedo tachar esta tarea de mi lista.
Y ahora haz lo mismo para con tus propósitos. Te dejamos esta plantilla por si quieres utilizarla, pero también puedes escribir las preguntas en el folio o libreta que más te gusten.
Ahora bien, si eres de las personas que no saben qué propósitos ponerse, te cuesta elegir, o después de responder a las preguntas anteriores te has quedado con una página en blanco, cabe preguntarse algunas preguntas.
Lo primero que nosotras nos preguntamos es qué tiene sentido para mí ahora, en este momento de mi vida. Hacernos preguntas del tipo:

En el día hacemos muchas cosas. MUCHAS COSAS. Es interesante que puedas hacer un recorrido para darte cuenta de todas esas cosas que haces (sin juzgar o valorar si son buenas o malas). Nos referimos a cualquier tipo de actividad (pasiva o activa) que hagas. Desde hacer la cama, recoger los platos, barrer y otras tareas del hogar, pasando por las horas de trabajo remunerado y no remunerado (o de estudio/prácticas/el equivalente en tu caso), hasta si te haces de comer, cuánto dedicas a esto, cuánto dedicas al móvil, las redes sociales, al descanso, ocio, horas de sueño…
Seguramente en este recorrido como observador u observadora externa, aparezcan sensaciones y pensamientos llenos de culpa, exigencias, enfado… Pero también es muy probable que te des cuenta de tooooodas las cosas que en realidad haces, aunque la sociedad no las reconozca como “productivas” o “deseables”, pero que son necesarias. Y oye, ¡es para reconocernoslo!

Ahora bien, miremos qué ha ocurrido en esta observación. ¿Dónde me encuentro con ciertos hábitos? ¿Cómo me hacen sentir? Por ejemplo, mantener un hábito como fumar/beber, pasar mucho tiempo con el móvil, acostarme tarde, levantarme tarde, trabajar un domingo, comer de precocinados… ¿cómo y dónde me dejan?
Vayamos hábito por hábito. Para esto, quizás te puede ayudar observar por áreas como: el ocio, amistades, familia, pareja, proyectos personales/estudio/trabajo, ejercicio, alimentación, economía… Pregúntate:

Tras este momento de introspección, en el que habrás identificado qué es lo más importante para tí en estos momentos y si hay necesidad de hacer algún cambio (puede que no la haya y aquí se acaba, sigue como estás!), solo nos queda una última cosa antes de pasar a la siguiente fase.
Y es: priorizar qué cosas voy a cambiar. No se puede todo a la vez. Céntrate en no más de 2-3 cambios a la vez.
Si aún no lo has hecho, te invitamos a responder a estas preguntas antes de continuar. Te dejamos esta plantilla por si quieres utilizarla, pero también puedes escribir las preguntas en el folio o libreta que más te gusten.
Pero a ver, ¡no seamos tampoco ingenuas! Un cambio necesita cierta planificación y estructura para que se produzca, no solo vale con tener claro el por qué quiero el cambio. Pero esto lo veremos más adelante, paciencia.

Para ver frutos necesitamos cuidar de la planta: tiempo, observación, atención, barbecho.
Te pedíamos paciencia. Paciencia porque este aún no es el apartado donde planificamos el cambio. Paciencia porque leer todo esto, hacerte las preguntas que planteamos y tratar de llegar a una respuesta no es fácil y requiere tiempo y esfuerzo. Pero qué difícil es tener paciencia!
Lo sabemos, y aún así, insistimos: ten paciencia. Aunque quizás no es algo que se tenga, se cultiva y desarrolla.

Las preguntas que nos hacemos en el apartado anterior suponen pararse un momento y mirar hacia el interior, lo cual es difícil a veces. Vivimos en una sociedad que nos empuja a seguir moviéndonos y es difícil hacer ese alto en el camino para observar, escucharnos y (re)conectar con lo que nos importa, aka valores.
Como os decíamos, nuestros valores constituyen los pilares sobre los que apoyarnos para ajustar, concretar, adaptar, esos objetivos y propósitos. Vamos, que tendrán sentido porque favorecen acercarnos a lo que nos importa.
Y encontrar nuestros valores es hacer un alto en el camino, es parar y hacer un esfuerzo con intención. Algo que a muchos se nos resiste, nos genera incomodidad y rehuimos. Pero parar no significa perder el tiempo o que no ocurra nada mientras estamos parados, sino que nos abre un espacio para observar y valorar: ver si el terreno que tenemos es apto para la semilla que quiero plantar y qué cuidados necesita.
Si el terreno no es apto, la semilla difícilmente podrá germinar y no veremos resultados, por mucho que lo intentemos. A veces, quizás solo es cuestión de hacer barbecho, ese descanso que se le da a la tierra durante unos meses para que se regenere y pueda volver a ser apta para el cultivo. Lo que para nosotras puede ser como ese momento de dejar de intentar a toda costa cumplir con los objetivos que nos llevamos poniendo mucho tiempo y que no dan fruto o no tienen sentido. Ese momento de bajar las exigencias con una misma y reconectar con lo que nos mueve. Ese tiempo de barbecho quizás es un día, una semana, un mes o lo que sea. No necesitas ponerte propósitos de inmediato para explorar qué te trae el nuevo año. Aunque quizás el propósito sea explorar qué me hace bien.
Es importante, para que la semilla (aka propósitos) pueda germinar, que elijamos una semilla acorde al terreno que tenemos para cultivar. Este terreno es mi contexto cercano, mis circunstancias vitales, qué está ocurriendo en mi vida ahora, qué tiempo tengo, a qué le doy prioridad, qué cosas no puedo cambiar…
Por ejemplo: Si me propongo correr una media maratón y me descargo un entrenamiento con sesiones de entrenos 5 días a la semana, ¿se ajusta a mi realidad? ¿Cómo de probable es que pueda llevar a cabo esos entrenos? ¿Tengo el tiempo suficiente? ¿Mi trabajo y/o mi(s) proyecto(s) actuales me dejan tiempo para esto?
Una vez que planto la semilla acorde a mi terreno, y pongo en marcha las acciones necesarias para cuidar que la semilla germine, quizás estas acciones no tengan un efecto visible a corto plazo. Pero que no veamos cómo la semilla se abre y echa raíces (porque está bajo tierra), no significa que no esté sucediendo. Pasa lo mismo cuando queremos hacer algo de una forma diferente. Si por no ver resultado a corto plazo, dejamos de realizar estas acciones que van a hacer que salga el primer brote verde a la superficie, el proceso se paraliza. Así que, sigue cuidando la semilla y atendiendo a las necesidades de cada momento, con paciencia😋.

Cambiar la estructura de los propósitos.
¡Ahora sí! Ya podemos entrar en el cómo hacemos que se den los cambios que deseamos. Gracias por tu paciencia hasta llegar hasta este punto.
Cuando pensamos en propósitos solemos usar la misma estructura: quiero/debería + acción + más/mejor/menos. Por ejemplo: quiero leer más, debería comer mejor, quiero usar menos tiempo el móvil. Y ahí nos quedamos.
No es que la estructura esté mal, es que lo hacemos poco concreto. Esa frase general y amplia, contiene uno o más de nuestros valores, como ya hemos visto. Aprender es un valor que puedo cultivar con acciones como leer, por eso mi objetivo puede ser leer más, o leer despacio, con atención. Este objetivo es más concreto que el propósito o valor, pero aún puede diluirse al no haber acciones más concretas que hagan mucho más probable que yo lea.
Así pues, toca preguntarse ¿qué significa “más”, “menos” o “mejor”? Y, ¿de dónde partimos con cada uno?: cuánto estoy leyendo, con qué frecuencia, qué leo, en qué momentos me pongo a leer… Esto lo hemos reflexionado antes cuando hemos analizado nuestros hábitos.
Ahora, vamos a desglosar qué acciones harán que lea más, que esté comiendo mejor o esté usando menos tiempo el móvil. Recordamos que nos centramos en 2-3 cambios a la vez. Necesitamos facilitarnos la vida y ayudar a nuestro Yo de cada momento elegir la acción comprometida con el cambio y nuestros valores.
Desglosar se puede ver así:
- Elige en qué momento del día vas a llevarlos a cabo: antes o después de una rutina ya establecida. Por ejemplo: acción + después/antes + rutina establecida.
- Si para mi es importante aprender (valor), mi objetivo puede ser:
Leer 30 minutos del libro “Título del libro” después de desayunar.
- Si para mi es importante aprender (valor), mi objetivo puede ser:
- Elige qué vas a hacer en los momentos donde con frecuencia eliges la acción que quieres disminuir. Por ejemplo: cuando esté con/en ____ + acción alternativa + acción para disminuir el hábito indeseado.
- Si estoy usando el móvil en las quedadas con mis amigos o familia, lo cual me dificulta mantener una conversación y estar atento a ellos, puede que mi objetivo sea pasar menos tiempo con el móvil para pasar tiempo de calidad con mi familia o amigos (valor). Así que, me propongo:
Cuando esté con mis amigos, participaré en la conversación o escucharé, y tendré el móvil silenciado y guardado fuera de mi vista. - Si pretendo comer mejor, lo que para mí podría traducirse en comer más fruta y verdura y menos ultraprocesados, porque para mí es importante cuidar de mi salud (valor); mis acciones concretas pueden ser:
Comprar fruta que me guste, ponerla más a mi vista y alcance, y comprar menos ultraprocesados.
- Si estoy usando el móvil en las quedadas con mis amigos o familia, lo cual me dificulta mantener una conversación y estar atento a ellos, puede que mi objetivo sea pasar menos tiempo con el móvil para pasar tiempo de calidad con mi familia o amigos (valor). Así que, me propongo:
- Conecta con una virtud o actitud que quieres mantener al hacer esa acción. Puede ser la paciencia, la curiosidad, la amabilidad, la presencia, la escucha, la calma…
- Cuando lea, lo haré con calma y curiosidad.
- Cuando hable con mis amigos/familia, pondré atención y escucha activa.
¿Cómo quedan los tuyos? Vuelve a la plantilla y rellena la sección de “Cuidados para mis valores”

Algo muy importante a tener en cuenta y que va a influir en la construcción de nuevos hábitos, es la flexibilidad. Cuando planteamos nuevos y renovados “Yo”, solemos caer en el todo o nada, siempre o nunca; un planteamiento inflexible donde no se tienen en cuenta ni se permiten las circunstancias variables de la vida.
Es decir, podemos comer frutas y ultraprocesados y no pasa nada, eso no nos alejará de nuestro valor de cuidar la salud y el objetivo de comer mejor, pero sí facilitará comer más saludable si ese es tu objetivo. No pasa nada si no consigo leer todos los días o la cantidad propuesta, no pasa nada si no puedo ir un día al gimnasio. Lo importante aquí es ser flexibles, atender a las necesidades de cada momento y ajustar para poder seguir caminando hacia mis valores.
Nos ayuda a mantenernos en el proceso de cambio de hábitos, recordar por qué es importante para mi estar haciendo esta acción concreta. A veces, nos saldrá por inercia lo que hacíamos antes, ten buenas palabras para ti en estos momentos, no has tirado todo por tierra, es parte del cambio, continúa cultivando tu semilla.
Por último, si quieres aumentar la probabilidad de llegar a fin de año y sentirte realizada o realizado con tus propósitos de este año, te convendrá ir revisando cada cierto tiempo si sigues actuando a favor. Cuando hacemos una evaluación anual y vemos toooodo el tiempo que tenemos para cumplir algo, nos solemos relajar y pensar “ya lo haré”. En cambio, si cada 3-4 meses hago un pequeño alto en el camino, me será más fácil recalcular mi ruta, en caso necesario.
Eeeeeeeen resumen,
- Lo primero y más importante es distinguir los propósitos que conectan con mis valores de aquellos que no tienen sentido para mi. Como hacer un filtrado.
- Conectar con mis valores, lo que es realmente importante para mi, es fundamental para guiar el proceso y mantenerme en acciones comprometidas.
- Analizar mis hábitos. ¿Están mis acciones en consonancia con mis valores? ¿Qué necesito cambiar? A veces, no es necesario un cambio, al analizarlo soy consciente de que ya me muevo hacia mis valores y mi objetivo es continuar por donde voy. Otras veces, solo será necesario algunos ajustes. Y en otras ocasiones, será necesario implementar acciones desde cero y facilitar estas frente a otras.
- Concretar y desglosar los propósitos y objetivos en acciones concretas, para facilitar la puesta en práctica de los nuevos hábitos. Esto no asegura que siempre se cumpla, pero aumentará las probabilidades de que elijas la acción acorde al valor.
- Es recomendable, cada cierto tiempo, reevaluar dónde me encuentro y si necesito reajustar algo. Esto no es más que revisar mi lista o diario (allá donde escribiera sobre esto) y analizar los hábitos que mantengo en ese momento.
- Recuerda durante todo el proceso mantener una actitud comprensiva y compasiva. Trata de no engancharte a las valoraciones negativas que aparezcan, autolatigarte no favorece el cambio hacia dónde quieres ir, sino que aumenta la sensación de culpa y la autoexigencia, que se asocia más a la inmovilidad y el bloqueo. Sé paciente y flexible, los resultados no aparecen en el corto plazo, pero que no se vean no significa que no estén sucediendo. No pongas tus energías y expectativas solo en el resultado (futuro a largo plazo), el proceso, el camino, es más importante, ahí es donde puedes actuar e influir (aquí y ahora, el presente). Cuando sientas que es difícil, recuerda por qué lo haces.
Ahora que ya tienes todo lo que necesitas saber para tus propósitos de año nuevo (o de cuando sean), solo queda ir dando pequeños pasitos, ir regando la semilla con tiempo, con pausa, con curiosidad y paciencia. El resultado de tus acciones ya se verá.
¡Ánimo y a por ello!
Si te ha gustado y te ha parecido útil, déjanos un comentario o escríbenos, agradecemos tu feedback. Y si aún con todo lo que has trabajado con nosotras a lo largo de este blog y las plantillas que te hemos dejado, no es suficiente o te resulta difícil aclarar tus valores, podemos clarificar todo este tema de los valores y propósitos personales en sesiones individuales. Puedes pedirnos cita a través del formulario de la web.




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