La importancia de la conexión social

No man is an island,
Entire of itself,
Every man is a piece of the continent,
A part of the main.

~John Donne

Traducido sería: ningún hombre es una isla, entero hecho de sí mismo, todo hombre es una pieza de un continente, una parte del todo.

Leyendo el libro Fap hecha simple, vimos esta otra cita de George Matthews Adams, que nos recordó a la de John Donne:

“No existe la persona hecha a sí misma. Estamos hechos de miles de otros. Todos los que alguna vez han hecho una obra amable por nosotros, o nos han dicho una palabra de aliento, han entrado a formar parte de nuestro carácter y de nuestros pensamientos, así como de nuestro éxito”. 

En este blog os venimos a hablar sobre otro de los pilares fundamentales de este proyecto: LA CONEXIÓN SOCIAL.

Somos seres sociales.

Se cree que la conexión social y el sentido de pertenencia son necesidades humanas básicas. De hecho, que busquemos esa conexión en la IA nos hace pensar en cuánto necesitamos conectar con otras personas, y que quizás estamos teniendo problemas para satisfacer dicha necesidad. También nos hace plantearnos si el contexto actual favorece o no las conexiones humanas (1).

Resulta que la conexión social ha sido y es fundamental para la supervivencia de nuestra especie. Ha dado forma a lo que somos hoy, genética, fisiológica y conductualmente. La necesitamos para prosperar, y a través de la historia evolutiva se han dado forma a comportamientos que llamamos prosociales, como la amistad, el altruismo, la cooperación y la resolución de problemas (3).

Por tanto, las relaciones con otras personas son una parte esencial de nuestro bienestar (10). Ya desde pequeños, los vínculos que creamos nos ayudan a sentirnos seguros, apoyados y conectados con quienes nos rodean, desempeñando un papel clave en la salud (4). 

La evidencia acumulativa muestra la probabilidad de que haya una relación causal entre fuertes conexiones sociales y una mejor salud y una vida más larga. En el otro extremo, la falta de conexiones sociales se relaciona con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades y un aumento en la mortalidad (4).

La Soledad. Sin contacto no hay conexión. Sin conexión no hay salud.

Permítenos ponernos un poco técnicas, para hablar de conexión social, tenemos que hablar de su otra cara, la soledad. Y para ello, tenemos que diferenciar dos aspectos. Lo primero, el nivel de participación o contacto social, o sea la interacción física o virtual con otras personas. Lo segundo, la conexión social, es decir, el vínculo emocional y profundo con las personas con quienes interactuamos. Lo primero es necesario para lo segundo (2,7,10).

Sin embargo, no siempre que existe participación, se experimenta la conexión. Y aquí es cuando puede aparecer el sentimiento de soledad, cuando percibimos una diferencia entre la conexión y el contacto social que tenemos y los que deseamos (7). O sea, que no solo basta con ser altamente participativo, también es necesario sentir conexión, de lo contrario podemos sentirnos solos. Eso sí, sin contacto con otras personas, no habrá conexión social.

Esta falta de interacción y, por tanto, de conexión social, acaba perjudicando nuestra salud física y mental. Altera nuestro sistema inmune, aumenta los niveles de cortisol, favorece la prevalencia de problemas psicológicos como la depresión, la ansiedad, las autolesiones, los intentos de suicidio, mayor probabilidad de consumo de alcohol y otras sustancias, etc. (1,7). Sentirse solo puede afectar al sistema inmunológico de diferentes formas según la etapa vital, siendo la adolescencia de las más vulnerables (4).

En definitiva, disminuye el bienestar percibido y nos predispone al desarrollo de enfermedades, hasta el punto de aumentar la mortalidad. Las investigaciones señalan que la mortalidad en personas con escasas o muy limitadas relaciones es comparable a la del tabaquismo y duplica el efecto de la obesidad (3). 

Por otro lado, los estudios demuestran que sentirnos parte de una comunidad, da igual de qué tipo (familia, amigos, trabajo, religión…) es importante para el bienestar individual. La comunidad nos proporciona:

  • Sentido de pertenencia. 
  • Seguridad emocional.
  • Identificación con los demás. 
  • Satisface necesidades físicas y psicológicas de sus miembros, reforzando el compromiso con la comunidad. 
  • Tanto el individuo, como la comunidad, ejercen una influencia mutua.
  • Identificarnos con una historia compartida favorece el sentimiento de conexión emocional. 

Para que se den las relaciones significativas y el sentimiento de conexión, es importante la participación en actividades significativas de la vida diaria. La literatura lo define como un compromiso natural y activo en ocupaciones intencionales y significativas de la vida diaria, que abarcan una gran variedad de áreas: «todas las actividades individuales; mentales, físicas, sociales y espirituales; tranquilas, reflexivas y activas; obligatorias y elegidas; pagadas y no remuneradas». Participar en estas actividades requiere de motivación, elección y significado dentro de un contexto de apoyo, y contribuye al desarrollo de la identidad y al impacto socioambiental (1).

Ahora bien, ¿qué pasa cuando el 20% de la población se siente sola? 

Según el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada 2024 , un 20% de la población española se siente sola (9). Que tantos nos sintamos solos, ¿es un problema individual o estructural? Es fácil caer en la lógica de pensar que es porque ellos mismos se han aislado y ya. Que es un problema de la persona, que no le interesa conocer gente y estar con los demás. Sin embargo, quienes se sienten solos experimentan mucho malestar y sufrimiento.

Desde aquí queremos tomar perspectiva y ver qué otros factores están en el juego. Todo malestar y problema psicológico se debe entender en su contexto (tanto a nivel individual como social). Y es que desde hace un tiempo venimos adoptando comportamientos, normalizando ciertos aspectos y adaptándonos a un sistema que prioriza, entre otras cosas, la eficacia, la rapidez, la rentabilidad, dejándonos una sociedad cada vez más individualizada. Porque si cada individuo (con lo impersonal que suena) se centra en ser eficaz, rentable y productivo, no le dará importancia a otros aspectos de la vida donde no tiene sentido ser eficaz, rentable y productivo. Además, cuando ser todas estas cosas no es una elección, sino que es una obligación para mantener tu trabajo o tu posición, y a su vez, esto tampoco es una elección, sino que es necesario para tener cubiertas tus necesidades básicas… Se han juntao el hambre con las ganas de comer.

Uno de los problemas que estamos atravesando en España con la evolución del modelo residencial y territorial, es la urbanización intensiva. Esta favorece una mayor rotación residencial, menor cohesión vecinal y espacios públicos insuficientes, dificultando el encuentro cotidiano. El aumento del coste de la vivienda obliga a cambios de domicilio o a compartir piso, e impide la emancipación. En las zonas rurales afrontan la despoblación, dispersión y falta de transporte, lo que incrementa el aislamiento (6).

Por otro lado, las tecnologías pueden facilitar la conexión, pero también sustituir vínculos presenciales o dejar atrás a quienes carecen de acceso o competencias digitales. De hecho, quienes se relacionan con amistades principalmente online se sienten más solos (6).

Entonces, ¿estamos condenados a sentirnos cada vez más solos, a pesar de estar cada vez más “conectados”?

Por suerte, cada vez se dirige más atención a este problema, el de la soledad no deseada, que es ya considerada un problema de salud pública generalizado y grave.

Empezamos a ser cada vez más conscientes de sus consecuencias a nivel individual y social. Hablamos más sobre esto, dirigimos la atención hacia factores sociales y estructurales, alejándonos de un discurso individualista, y se hace más hueco en los discursos políticos (o al menos eso vemos en nuestro timeline “gracias” a nuestro algoritmo). Hace poco se creó una Mesa Interinstitucional de las soledades, que reúne ministros, profesionales y personas expertas por experiencia (nos encanta este concepto); o sea un trabajo en conjunto con diferentes grupos de la ciudadanía (una fantasía). Como mencionan en el Marco Estratégico Estatal de las Soledades 2026-2030 (6), el problema de la soledad:

“Desde una perspectiva colectiva, plantea desafíos para la cohesión social y la calidad democrática, al contribuir a sociedades más desconectadas, menos cohesionadas y potencialmente más polarizadas. Asimismo, puede agravar situaciones de exclusión social, estableciéndose una relación bidireccional que refuerza ambos fenómenos.
La soledad tiene también implicaciones económicas y sociales de alcance amplio. Sus efectos se traducen en un mayor uso de los sistemas sanitarios y de servicios sociales, así como en pérdidas asociadas a la reducción de la productividad, el aumento de las bajas laborales y el deterioro de la salud, con consecuencias que pueden llegar a ser graves cuando estas situaciones se cronifican.”

La soledad tiene también implicaciones económicas y sociales de alcance amplio. Sus efectos se traducen en un mayor uso de los sistemas sanitarios y de servicios sociales, así como en pérdidas asociadas a la reducción de la productividad, el aumento de las bajas laborales y el deterioro de la salud, con consecuencias que pueden llegar a ser graves cuando estas situaciones se cronifican.”

O sea, que si nos quieren productivos, es más probable que lo seamos si nos sentimos conectados socialmente. Que si queremos reducir los gastos en sanidad y prevenir enfermedades, mejor atacar al problema de raíz: trabajemos por una sociedad cohesionada, que es un win-win para todos.

Como hemos ido desarrollando a lo largo del blog, la soledad es algo complejo, no es solo “sentirse solo”. La soledad atraviesa momentos vitales, relaciones, formas de vivir, y también implica tener en cuenta nuestro contexto sociocultural e histórico. Es por esto que, es importante tener claro que no es solo un problema individual ni algo que se soluciona con solo ir a terapia o aprender a estar bien con uno mismo.

¿Y qué podemos hacer?

No hay soluciones rápidas o puntuales contra la soledad. Lo que realmente ayuda es que cuidemos la conexión social como parte de nuestros básicos. Para hacer frente a la soledad, no se trata de hacer un plan puntual o apuntarse una vez a una actividad, sino de crear y mantener vínculos que formen parte de nuestro día a día, que aporten sentido a nuestra vida (7). Y para ello es importante participar en actividades relacionadas con nuestros intereses y valores, ya que aumenta el sentimiento de pertenencia y eso mejora el bienestar emocional (1,10).

Sí, el acompañamiento psicológico puede ayudar, sobre todo cuando la soledad afecta a la autoestima, los pensamientos y creencias que tenemos sobre nosotros y los demás, que pueden afectar a la forma en cómo nos relacionamos (8). Sin embargo, las intervenciones  psicológicas más efectivas combinan espacios grupales, oportunidades reales para conocer a otras personas, apoyo psicológico y actividades en las que pueden participar de forma activa y aprender a relacionarse mejor (7,10).

Estas intervenciones se pueden hacer tanto presencial como online. Sin embargo, aunque lo positivo de lo online es que se puede llegar a más personas, más sitios, los resultados en cuanto a este tipo de terapia aún son limitados y no está claro cómo afecta la interacción a través de la pantalla (2).

En España, el Marco Estratégico Estatal de las Soledades 2026-2030 propone implementar, como ya se hace en otros países, la prescripción social. Esto hace referencia a que desde atención primaria y la medicina comunitaria nos pueden “recetar” (sí sí, como si te recetan paracetamol) participar socialmente en actividades. El mensaje que se transmite es que no todo malestar se resuelve “dentro” del individuo ni sólo con medicación. Muchas veces la solución pasa por conectarse a una comunidad, estar y ser con los otros. 

Sea como sea, las intervenciones han de adaptarse a cada persona, no todo el mundo necesita lo mismo ni conecta de la misma forma. La frecuencia del contacto, la accesibilidad y que la participación sea voluntaria y significativa pueden marcar la diferencia.

La naturaleza como contexto favorecedor para la conexión social

Okay, el contacto social mediante actividades significativas dentro del estilo de vida favorece la conexión y aleja la sensación de soledad. Y hemos hablado que el diseño de las ciudades puede favorecer o dificultar que se desarrollen y mantengan nuestros vínculos. O sea que, también es importante dónde ocurre. Pues bien, en este sentido cada vez hay más evidencia de que la naturaleza también puede ser una gran aliada para abordar la soledad.

Las investigaciones más recientes muestran que pasar tiempo en contacto con la naturaleza (espacios verdes, parques, jardines, bosques…) pueden ayudarnos a sentirnos menos solos. La conexión con la naturaleza no solo mejora nuestro estado de ánimo (hablábamos de ello en este blog), sino que también favorece el sentimiento de pertenencia, las conexiones sociales y la cohesión social, facilitando la creación de grupos y comunidades (5). 

Lo que algunos estudios han observado es que, durante el COVID-19, las personas que pasaron más tiempo en contacto con la naturaleza tuvieron menos sensación de soledad. La presencia de árboles o de espacios verdes cerca del hogar se ha asociado con una mayor confianza entre los vecinos y un incremento de la cohesión social en los barrios. Permanecer sentados en un parque durante 5 minutos puede aumentar el sentimiento de interconexión con un mundo más amplio que nosotros mismos. Sentirse conectado con la naturaleza se ha relacionado con una mayor capacidad para adoptar la perspectiva de los demás, es decir, para ver el mundo desde el punto de vista de otras personas. Incluso en laboratorio se ha encontrado que, quienes descansaban en una habitación con plantas o veían un documental sobre naturaleza mostraban una actitud más generosa y colaborativa que aquellos que no habían tenido ese contacto (5).

Estos resultados han favorecido la aparición de iniciativas como la  prescripción social basada en la naturaleza (Nature-Based Social Prescribing, NBSP). Los profesionales de la salud recomiendan a personas que se sienten solas o tienen problemas de salud mental, participar en actividades sociales al aire libre, en entornos naturales, como por ejemplo un grupo de senderismo, un huerto comunitario o un proyecto de jardinería (5). 

En pocas palabras, lo que nos dice la evidencia es que conectar con la naturaleza, es también conectar con otras personas.

En definitiva, 

forma parte de nuestra naturaleza ser con los demás, y no podemos ser sin los otros. Es por ello que si nos falta esta parte, si no nos sentimos parte de un grupo, si no nos sentimos conectados a otros, aparecen serios problemas. Pero la conexión no solo nos aleja y nos evita consecuencias perjudiciales a nivel individual y social, también es algo deseable y beneficioso, es decir, tenerlo presente en nuestras vidas nos aporta beneficios. 

En resumen, busca momentos para entrar en contacto con personas significativas, cuidar tus vínculos y construir relaciones más fuertes, donde se sienta conexión. Es posible que necesites conectar con personas nuevas y diferentes, o puede que solo necesites reforzar las relaciones que ya tienes. Sea como sea, recuerda que lo importante es rodearse de una comunidad con la que nos identifiquemos. Y si los encuentros sociales pueden darse en la naturaleza o rodeado de zonas verdes, mejor. 

Pst! En Espacio EnContacto promovemos un estilo de vida más conectado con los demás, buscando tanto generar afecto positivo, mejorar la regulación emocional y promover la conexión con la naturaleza. 

💭 Creamos contenido de reflexión y debate, así que estaremos encantadas de escuchar tu opinión! Los encuentras en la sección de blog y en nuestras redes sociales.

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Bibliografía consultada

  1. Haim-Litevsky, D., Komemi, R., & Lipskaya-Velikovsky, L. (2023). Sense of belonging, meaningful daily life participation, and well-being: Integrated investigation. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(5), 4121. https://doi.org/10.3390/ijerph20054121  
  2. Hansen, T., Nes, R. B., Hynek, K., Nilsen, T. S., Reneflot, A., Stene-Larsen, K., Tornes, R. A., & Bidonde, J. (2024). Tackling social disconnection: An umbrella review of RCT-based interventions targeting social isolation and loneliness. BMC Public Health, 24, 1917. https://doi.org/10.1186/s12889-024-19396-8 
  3. Holman, G., Kanter, J., Tsai, M. y Kohlenberg, R. (2025). FAP hecha simple: Una guía práctica para las relaciones terapéuticas. Psara Ediciones. (Capítulo 1 La conexión social y la relación terapéutica como contextos para el cambio).
  4. Holt-Lunstad, J. (2022). Social connection as a public health issue: The evidence and a systemic framework for prioritizing the “social” in social determinants of health. Annual Review of Public Health, 43(1), 193–213. https://doi.org/10.1146/annurev-publhealth-052020-110732  
  5. Lavelle Sachs, A., Kolster, A., Wrigley, J., Papon, V., Opacin, N., Hill, N., Howarth, M., Rochau, U., Hidalgo, L., Casajuana, C., Siebert, U., Gerhard, J., Daher, C., & Litt, J. (2024). Connecting through nature: A systematic review of the effectiveness of nature-based social prescribing practices to combat loneliness. Landscape and Urban Planning, 248, 105071. https://doi.org/10.1016/j.landurbplan.2024.105071 
  6. Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. (2026). Marco Estratégico Estatal de las Soledades 2026–2030. Gobierno de España. https://www.soledades.es/politicas/marco-estrategico-estatal-de-las-soledades-2026-2030 
  7. Morrish, N., Choudhury, S., & Medina-Lara, A. (2023). What works in interventions targeting loneliness: A systematic review of intervention characteristics. BMC Public Health, 23(1), 2214. https://doi.org/10.1186/s12889-023-17097-2 
  8. Myers, E., Lin, M., Asundi, A., Choi, N. G., & Yoo-Jeong, M. (2026). Behavioral activation for social connection: A systematic review and synthesized conceptual framework. Journal of Social and Personal Relationships. Advance online publication. https://doi.org/10.1177/02654075261435008 
  9. Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada [SoledadES], Fundación ONCE, & Fundación AXA. (2024). Barómetro de la soledad no deseada en España 2024: Infografía resumen [Infografía]. https://www.soledades.es/estudios/barometro-soledad-no-deseada-espana-2024
  10. Zagic, D., Wuthrich, V. M., Rapee, R. M., & Wolters, N. (2022). Interventions to improve social connections: A systematic review and meta-analysis. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 57(5), 885–906. https://doi.org/10.1007/s00127-021-02191-w

La importancia del contacto con la naturaleza 🌿😌

En este blog queríamos hablar sobre uno de nuestros valores fundamentales como proyecto y también como personas individuales: LA NATURALEZA 🌿🌻

Tanto si eres de las personas que aman la naturaleza, dar paseos por zonas verdes, o pasar un ratito al lado del mar, como si eres de las que evitan estas actividades por alguna razón, lo que te vamos a contar aquí te interesa. Y es que la naturaleza forma parte de nuestro ser, de nuestra historia, de nuestro ADN. O nosotros formamos parte de la naturaleza 🤔

Y la vida moderna nos está llevando a una desconexión de la misma. Vivimos acelerados, nos piden respuestas y soluciones inmediatas, multitasking, estar a todo…  Se reducen los espacios verdes, se urbaniza cada vez más. El acceso a la naturaleza en algunas áreas se hace difícil, prevalece el entretenimiento en interiores y la conciencia ambiental brilla por su ausencia 🤯

A nosotras nos preocupa, no sé a ti. Así que, hoy queremos traer un poquito de conciencia al asunto. 

La Naturaleza como parte central en nuestra filosofía de vida

Actualmente, parece haber un incremento del interés por los entornos naturales, las plantas y hacer actividades al aire libre. Pero este interés por la naturaleza no es nuevo, nos viene de serie. Ya en los 80, Erich Fromm (psicólogo y filósofo humanista) y Edward O. Wilson (biólogo) hablaron sobre el concepto de “biofilia”.

La biofilia se refiere a la conexión innata, amor apasionado y afinidad biológica de los seres humanos hacia la naturaleza y todo lo vivo, producto de nuestra evolución.

Sorpresa, sorpresa. 

En la sociedad moderna ─y hablamos desde el contexto en el que vivimos (ciudad europea)─ llevamos tiempo desconectados de esta biofilia. Y es que la cultura y sistema imperante nos ha hecho desvincularnos de la naturaleza, verla como algo prescindible, algo a usar, algo que no merece nuestro respeto y cuidado, algo sin importancia. Incluso, podría llegar a verse como un obstáculo, según quiénes la miren. 

Resulta que nuestra mirada, nuestra interpretación del mundo, está moldeada por la influencia de la cultura y el contexto. La riqueza natural del entorno en el que nos desarrollamos juega un gran papel en la mirada que construimos como cultura. Y esto influye en cómo nos relacionamos con ella. Podríamos hacer una diferenciación ─a grandes rasgos─ entre aquellas culturas que han evolucionado en entornos naturales ricos, y aquellas que han ido perdiendo y eliminando las zonas verdes de la ecuación. Pasamos de darle un valor sagrado, espiritual, armonioso, de equilibrio y conexión a la naturaleza y su biodiversidad, como parte esencial para la vida, a verla como un mero recurso a explotar, una fuente infinita de materia prima que podemos malgastar sin consecuencias perjudiciales.

Y alguien dirá, vale y ¿qué más da qué visión tengamos de la naturaleza? Pues que al alejarnos de ella y enjaularnos en las ciudades, estamos perdiendo salud y a cambio estamos ganando estrés crónico, desconexión del cuerpo, desconexión social, desconexión con nuestros valores… Consumimos a ritmos frenéticos sin considerar el coste detrás de cada producción, y pareciera que nos da igual el daño que le causamos al planeta, como si no fuera nuestra casa, como si tuviéramos otra, como si no dependieramos de ella. Y se nos olvida que somos uno con la Naturaleza, formamos parte del gran ecosistema que ha ido evolucionando a lo largo de miles y miles de años. 

Nos desproveemos de todo aquello que nos da salud y nos rodeamos de infinitas cosas que nos la restan. Luego, empezamos a etiquetar comportamientos y sentimientos que afloran inevitablemente en un contexto tal y señalamos que el problema es individual, de la persona. Ideamos soluciones para eliminar este malestar con pastillas, cursos, más trabajo… 

Pero ¿y si la solución no está ahí? ¿Y si tenemos que dejar de huir? 
¿Y si adoptamos un estilo de vida más acorde a nuestro diseño por naturaleza?

Sin embargo, y por suerte, son muchos los movimientos, globales y locales, que defienden el lugar central de la naturaleza en nuestro día a día, en nuestro estilo de vida. Podemos nombrar algunos que recoge la bibliografía científica, pero seguro que hay muchos más que no conocemos. Te animamos a buscar qué se está moviendo por tu localidad.

Beneficios para la salud mental y emocional de estar en contacto con la naturaleza. 

Existen dos teorías que tratan de explicar los efectos de los entornos naturales en nuestro bienestar psicológico. Por un lado, la Teoría de la Reducción del Estrés (SRT) propone que el contacto con la naturaleza disminuye el estrés fisiológico (cortisol, presión arterial). Además, habla de que los seres humanos tenemos una predisposición genética y evolutiva a sentirnos cómodos en entornos naturales, como paisajes verdes y abiertos, pues durante miles de años dependimos de ellos para sobrevivir. Esta teoría sugiere que los entornos naturales actúan como un antídoto para el estrés moderno, proporcionando un efecto calmante que mejora el bienestar general y la salud mental.

Por otro lado, la Teoría de la Restauración de la Atención (ART) defiende que la exposición a entornos verdes puede restaurar la capacidad de atención, reduciendo la fatiga mental y mejorando la concentración. Ya sabemos cuán exigidas están nuestra atención y concentración en el día a día (pantallas, multitasking, decisiones…). El contacto con la naturaleza ayuda a esa restauración mental gracias a que nos permite alejarnos del foco de estrés, ofrece espacios amplios que invitan a explorar y genera una fascinación “suave” (cosas que captan nuestra atención sin exigir esfuerzo).
En línea con lo anterior, la hipótesis de la biofilia se suma a la idea de que los seres humanos tienen una conexión innata con la naturaleza. Esta afinidad biológica se ha desarrollado a lo largo de la evolución, ya que nuestros antepasados dependían de entornos naturales para sobrevivir. Aunque hoy nuestro estilo de vida haya cambiado y sea mucho más urbano, esa conexión sigue presente y puede explicar por qué las personas encontramos calma, claridad mental o sensación de bienestar cuando pasamos tiempo en entornos verdes.

Bajo estas hipótesis, muchas investigaciones observan efectos positivos de estar en presencia de la naturaleza. Esta favorece el bienestar psicológico: mejora el estado de ánimo, aumenta el afecto positivo y reduce el estrés percibido y fisiológico, reduciendo la presión arterial sistólica y diastólica, así como los niveles de cortisol, tanto en población sana como en personas con problemas de salud mental. Estos efectos también se observan en entornos cerrados decorados con vegetación, como hábitats espaciales, centros de atención a personas mayores y hospitales, donde además se observa que acelera la recuperación. 

Estar en contacto con la naturaleza promueve una autoestima sana, el aumento de la sensación de autoeficacia y las habilidades sociales. En contextos educativos y terapéuticos, favorece la cooperación, el liderazgo y la resiliencia, aunque no siempre se traducen claramente a otros ámbitos de la vida cotidiana. A nivel cognitivo se observan mejoras en atención, memoria y creatividad. 

¿Qué más evidencias necesitamos para aceptar que la naturaleza es esencial para nuestro bienestar?

Actividades de promoción e intervención en salud mental basada en entornos naturales

Cuando hablamos de promoción hablamos de aumentar la capacidad de las personas para influir sobre su salud y bienestar global, así como de incentivar acciones que contribuyan a cambios sociales, ambientales y económicos para mejorar la salud y prevenir enfermedades en la población. Mientras que la intervención en salud son todas aquellas acciones dirigidas a solventar, tratar, mejorar o reducir el impacto de una condición que ya está afectando negativamente.

Bajo este marco, encontramos algunas filosofías o movimientos que ponen el foco en la naturaleza para conseguir los objetivos de promoción e intervención sobre la salud.

Desde 1980, en Japón se realizan e investigan en entornos forestales lo que se conoce como “forest bathing” o “baños de bosque”, que consisten en una inmersión total de los sentidos, conectando con el aquí y ahora, reduciendo y apagando conscientemente las distracciones de aparatos electrónicos para conectar plenamente con el entorno. 

En Europa, Finlandia lleva alrededor de 30 años con su iniciativa “Meijän polku” (nuestro sendero). Una iniciativa que promueve la salud y el bienestar comunitario, defendiendo que el bienestar de la población se sostiene en la naturaleza, la actividad física, el descanso y la comunidad. Lo hacen proponiendo retos donde animan a las personas a cambiar pequeños hábitos como irse 50 minutos antes a la cama, pasear 30 minutos al día (aunque sea solo un día a la semana) en la naturaleza, andando, corriendo o permaneciendo sentado, y otros retos relacionados con la naturaleza, la actividad física, el descanso y la comunidad.

En Canadá y EEUU, se desarrolla el movimiento Healthy Parks Healthy People que pone énfasis en la importancia de los parques, tanto urbanos como naturales, en la salud física, mental y espiritual, y el bienestar social, así como la sostenibilidad del planeta. Se centra en crear hábitats y ocio sanos a todos los niveles, un sistema sostenible de alimentación, fomentar investigaciones científicas, programas, innovaciones y políticas para un futuro sostenible.

Por otro lado, participar en actividades hortícolas, como cultivar y consumir plantas comestibles, es otra manera de influir positivamente sobre la salud. Entre otras cosas, cuidar plantas fomenta la responsabilidad y la sensación de logro, y nos expone a imágenes naturales y a una diversidad de estímulos sensoriales, contribuyendo a mejores resultados en salud mental. 

Por último, creemos importante reflexionar, que no solo son las acciones individuales (excursiones al campo o comprar plantas para decorar en casa), sino que hay muchas otras acciones individuales y colectivas que impulsan y favorecen la promoción de la salud. Por ejemplo la construcción o reforma de espacios construidos con un diseño biofílico, que integra intencionadamente vegetación, luz natural, agua y texturas naturales para promover el bienestar. El cuidado de los parques urbanos y zonas naturales (protegidas o no), incluyendo la biodiversidad de fauna que habita en ellas. La lucha por políticas que protejan el medio ambiente y fomenten la participación ciudadana en actividades recreacionales y comunitarias en entornos al aire libre. Todo ello para reconectar a las personas con la naturaleza, que si no lo hemos dejado claro,es parte esencial de nuestro ser, y por tanto de nuestra salud y bienestar.

Así que… ¿Qué cosas puedes hacer tú para conectar con la naturaleza y sentir sus beneficios? 

Te dejamos esta lista resumiendo algunas de las muchas acciones que benefician a tu salud y bienestar incluyendo más Naturaleza en tu día a día. Y algunas “por ti y por todos tus compañeros” 🤝💚

  • 🪏 Cultivar plantas (comestibles o no).
    El hecho de cultivar y cuidar, fomenta nuestra sensación de logro, responsabilidad y resiliencia. También propicia una ambientación natural que ayuda a mantener la concentración y los niveles de estrés y de presión arterial óptimos, mejora cómo percibimos el entorno y el dolor.
  • 🪴 Decora con plantas naturales o artificiales, incluso imágenes de naturaleza.
    Plantas artificiales de calidad, ilustraciones botánicas o incluso composiciones generadas con herramientas digitales pueden evocar sensaciones similares. Lo importante es crear espacios que nos recuerden la presencia de la naturaleza, aunque sea de forma simbólica.
  • 🌳 Salir más de casa, buscando un contacto con naturaleza.
    Pasear por un parque, caminar por senderos o simplemente sentarse bajo un árbol permite desconectar del ruido cotidiano y recalibrar nuestros sentidos. No se trata de grandes escapadas, sino de incorporar estos momentos de forma regular. 
  • 🧘 Observar más, pausar más.
    Mirar por la ventana, dedicar unos minutos a simplemente observar, respirar más lento, conectar con los sentidos, qué te llega de fuera. Practica ejercicios de relajación y presencia en tu parque más cercano o en el entorno natural que prefieras. Observa y escucha los animales, el viento, el sonido del agua…
  • 🫂 Participar en encuentros sociales al aire libre.
    Planificar actividades al aire libre con amigos, familia o grupos afines, o incluso reservar momentos a solas en entornos naturales, fortalece tanto los vínculos sociales como la conexión personal. Estas experiencias, intencionadamente buscadas, enriquecen nuestra rutina y nos invitan a salir de la inercia diaria.

En resumen, busca momentos para entrar en contacto con la naturaleza, por poco tiempo que estés en ella ya notarás los beneficios. Y no necesitas planificar grandes acciones o viajes, sólo pequeños cambios de hábitos.

Pst! En Espacio EnContacto promovemos un estilo de vida más conectado con la biofilia, buscando tanto generar afecto positivo, mejorar la regulación emocional y promover la conexión con la naturaleza. 

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Bibliografía consultada

  1. Gritzka, S., MacIntyre, T. E., Dörfel, D., Baker-Blanc, J. L., & Calogiuri, G. (2020). The effects of workplace nature-based interventions on the mental health and well-being of employees: A systematic review. Frontiers in Psychiatry, 11, 323. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2020.00323 
  2. Mygind, L., Kjeldsted, E., Hartmeyer, R. D., Mygind, E., Bølling, M., & Bentsen, P. (2019). Immersive nature-experiences as health promotion interventions for healthy, vulnerable, and sick populations? A systematic review and appraisal of controlled studies. Frontiers in Psychology, 10, 943. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.00943  
  3. Park, S., Kim, E., Kim, G., Kim, S., Choi, Y., & Paek, D. (2022). What activities in forests are beneficial for human health? A systematic review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(5), 2692. https://doi.org/10.3390/ijerph19052692  
  4. Zandi, A., & Wung, S. F. (2025). Health effects of plants, light, and natural elements of biophilic interventions in confined settings: A systematic review. Frontiers in Physiology, 16, 1700518.https://doi.org/10.3389/fphys.2025.1700518

Lo que necesitas saber para tus propósitos de año nuevo (o de cuando sea)

Llega enero y con él una lista de propósitos que nos prometemos cumplir este año sí o sí, a pesar de que ya dijimos lo mismo el año pasado. Durante las últimas-primeras semanas del año, las redes sociales se llenan de reflexiones, “recaps” y propósitos de año nuevo. Que todo el mundo lo esté haciendo nos genera una sensación de quedarnos atrás si no lo hacemos nosotros también. Así que, nos ponemos a ello. O no, y aparece la mosca detrás de la oreja que nos recuerda que “tenemos que ponernos a ello”.

O quizás, no es enero, es septiembre (otra de las fechas por excelencia para revisar nuestros hábitos y propósitos). O es simplemente un mes cualquiera en el que te estás planteando que hay algo que no encaja y sientes que tienes que revisar.

Si a ti también te pasa que te sientes obligado a hacer estas reflexiones y hacer la lista de nuevos propósitos (en enero, septiembre o cuando sea), pero no terminas de conectar con ellos, o no tienes del todo claro tus propósitos, aquí van algunas reflexiones que pueden ayudarte a enfrentarte a ello con un poco más de claridad.

La mentira del año nuevo, vida nueva, y cómo repetir propósitos año tras año

Nos hemos creído que, con la entrada de un nuevo año, tenemos que cambiar nuestra vida drásticamente, igual que cambiamos de calendario. Generalmente, escribimos la lista muy motivados, empezamos los primeros días con muchas ganas imaginándonos un nuevo Yo muy distinto tras conseguir esos objetivos. 

La desmotivación llega pronto y desechamos los propósitos que nos habíamos puesto, como nos pasa cada año, y volvemos a ser el mismo Yo que el año pasado, repitiendo los mismos patrones. Es cuando aparece una sensación incómoda, que viene de la mano de “no soy capaz, otra vez igual”, comparaciones con los demás, donde pensamos que los demás pueden y nosotros no, no tenemos la fuerza de voluntad que otros tienen. Y, otra vez, acabamos sintiéndonos estancados. Ya volveremos a intentarlo el año que viene 🤷🏽‍♀️

¿Cómo pretendemos que las cosas cambien si no hacemos nada diferente?

Podemos empezar por preguntarnos qué sentido tienen para nosotros

Al plantearnos los objetivos del año nuevo, pueden pasar dos cosas: que nos salga una lista casi por inercia (de los típicos y/o los que no conseguí el año pasado) o que no tenga ni idea de qué poner en la lista. Empecemos por analizar la primera situación para luego poder preguntarnos qué objetivos incluyo en mi lista.

Es diciembre o enero,  te sientas a escribir tus propósitos y empiezas a rellenar con los típicos: quiero leer más, quiero hacer más ejercicio, debería comer mejor, debería ordenar más, quiero meditar, voy a fumar/beber menos, voy a usar menos tiempo el móvil/las pantallas… como si los sacáramos de una plantilla preestablecida. 

Pero no te planteas por qué has elegido el número 1, 3 y 6 de esa lista universal. He aquí el primer error que cometemos todos. La razón principal por la que perdemos la motivación por el camino y el objetivo se va diluyendo y desaparece. Por lo que la primera pregunta debería ser ¿es importante para mí esto? Déjanos ilustrarte con un ejemplo: 

En base a las respuestas anteriores, cogería la idea principal que tenía, qué quería conseguir escribiendo “leer más” y analizaría si encaja con el valor con el que he conectado. 

Así pues, si mi idea era conseguir leer X libros al año/mes o conseguir una racha de lectura impecable (resultados medibles y que pueden ayudar a la motivación), me preguntaría si esto responde en realidad a la importancia que le doy a leer. En otras palabras, ¿leo por tachar de mi lista o enseñar cuántos libros he leído? o ¿leo porque disfruto la historia o aprendo algo?

Si responde más a la primera opción que a la segunda, entonces no estoy poniendo el foco en lo que me importa y es muy probable que me desmotive fácilmente. Además, es mucho más probable que deje de leer si “fallo” un día de la racha o si no consigo leer un mínimo de libros al mes (lo cual por cierto, ¿quién es capaz de leer tanto de verdad en tan poco tiempo?🤔)

Si en cambio, responde más a la segunda pregunta, entonces este valor será mi guía, como una brújula que me indica por dónde está mi norte. Y así, aunque no lea todos los días, lea unos días más que otros, y pasen cosas en mi vida que no me permitan llevar una racha continua de lectura, será más probable que lea cada vez que pueda, enfocándome en lo que obtengo de leer per se, más que en si puedo tachar esta tarea de mi lista.

Y ahora haz lo mismo para con tus propósitos. Te dejamos esta plantilla por si quieres utilizarla, pero también puedes escribir las preguntas en el folio o libreta que más te gusten​.

Ahora bien, si eres de las personas que no saben qué propósitos ponerse, te cuesta elegir, o después de responder a las preguntas anteriores te has quedado con una página en blanco, cabe preguntarse algunas preguntas.

Lo primero que nosotras nos preguntamos es qué tiene sentido para mí ahora, en este momento de mi vida. Hacernos preguntas del tipo: 

En el día hacemos muchas cosas. MUCHAS COSAS. Es interesante que puedas hacer un recorrido para darte cuenta de todas esas cosas que haces (sin juzgar o valorar si son buenas o malas). Nos referimos a cualquier tipo de actividad (pasiva o activa) que hagas. Desde hacer la cama, recoger los platos, barrer y otras tareas del hogar, pasando por las horas de trabajo remunerado y no remunerado (o de estudio/prácticas/el equivalente en tu caso), hasta si te haces de comer, cuánto dedicas a esto, cuánto dedicas al móvil, las redes sociales, al descanso, ocio, horas de sueño…

Seguramente en este recorrido como observador u observadora externa, aparezcan sensaciones y pensamientos llenos de culpa, exigencias, enfado… Pero también es muy probable que te des cuenta de tooooodas las cosas que en realidad haces, aunque la sociedad no las reconozca como “productivas” o “deseables”, pero que son necesarias. Y oye, ¡es para reconocernoslo!

Ahora bien, miremos qué ha ocurrido en esta observación. ¿Dónde me encuentro con ciertos hábitos? ¿Cómo me hacen sentir? Por ejemplo, mantener un hábito como fumar/beber, pasar mucho tiempo con el móvil, acostarme tarde, levantarme tarde, trabajar un domingo, comer de precocinados… ¿cómo y dónde me dejan?

Vayamos hábito por hábito. Para esto, quizás te puede ayudar observar por áreas como: el ocio, amistades, familia, pareja, proyectos personales/estudio/trabajo, ejercicio, alimentación, economía… Pregúntate:

Tras este momento de introspección, en el que habrás identificado qué es lo más importante para tí en estos momentos y si hay necesidad de hacer algún cambio (puede que no la haya y aquí se acaba, sigue como estás!), solo nos queda una última cosa antes de pasar a la siguiente fase.

Y es: priorizar qué cosas voy a cambiar. No se puede todo a la vez. Céntrate en no más de 2-3 cambios a la vez.

Si aún no lo has hecho, te invitamos a responder a estas preguntas antes de continuar. Te dejamos esta plantilla por si quieres utilizarla, pero también puedes escribir las preguntas en el folio o libreta que más te gusten.

Pero a ver, ¡no seamos tampoco ingenuas! Un cambio necesita cierta planificación y estructura para que se produzca, no solo vale con tener claro el por qué quiero el cambio. Pero esto lo veremos más adelante, paciencia.

Para ver frutos necesitamos cuidar de la planta: tiempo, observación, atención, barbecho.

Te pedíamos paciencia. Paciencia porque este aún no es el apartado donde planificamos el cambio. Paciencia porque leer todo esto, hacerte las preguntas que planteamos y tratar de llegar a una respuesta no es fácil y requiere tiempo y esfuerzo. Pero qué difícil es tener paciencia!

Lo sabemos, y aún así, insistimos: ten paciencia. Aunque quizás no es algo que se tenga, se cultiva y desarrolla.

Las preguntas que nos hacemos en el apartado anterior suponen pararse un momento y mirar hacia el interior, lo cual es difícil a veces. Vivimos en una sociedad que nos empuja a seguir moviéndonos y es difícil hacer ese alto en el camino para observar, escucharnos y (re)conectar con lo que nos importa, aka valores.

Como os decíamos, nuestros valores constituyen los pilares sobre los que apoyarnos para ajustar, concretar, adaptar, esos objetivos y propósitos. Vamos, que tendrán sentido porque favorecen acercarnos a lo que nos importa.

Y encontrar nuestros valores es hacer un alto en el camino, es parar y hacer un esfuerzo con intención. Algo que a muchos se nos resiste, nos genera incomodidad y rehuimos. Pero parar no significa perder el tiempo o que no ocurra nada mientras estamos parados, sino que nos abre un espacio para observar y valorar: ver si el terreno que tenemos es apto para la semilla que quiero plantar y qué cuidados necesita. 

Si el terreno no es apto, la semilla difícilmente podrá germinar y no veremos resultados, por mucho que lo intentemos. A veces, quizás solo es cuestión de hacer barbecho, ese descanso que se le da a la tierra durante unos meses para que se regenere y pueda volver a ser apta para el cultivo. Lo que para nosotras puede ser como ese momento de dejar de intentar a toda costa cumplir con los objetivos que nos llevamos poniendo mucho tiempo y que no dan fruto o no tienen sentido. Ese momento de bajar las exigencias con una misma y reconectar con lo que nos mueve. Ese tiempo de barbecho quizás es un día, una semana, un mes o lo que sea. No necesitas ponerte propósitos de inmediato para explorar qué te trae el nuevo año. Aunque quizás el propósito sea explorar qué me hace bien.

Es importante, para que la semilla (aka propósitos) pueda germinar, que elijamos una semilla acorde al terreno que tenemos para cultivar. Este terreno es mi contexto cercano, mis circunstancias vitales, qué está ocurriendo en mi vida ahora, qué tiempo tengo, a qué le doy prioridad, qué cosas no puedo cambiar… 

Por ejemplo: Si me propongo correr una media maratón y me descargo un entrenamiento con sesiones de entrenos 5 días a la semana, ¿se ajusta a mi realidad? ¿Cómo de probable es que pueda llevar a cabo esos entrenos? ¿Tengo el tiempo suficiente? ¿Mi trabajo y/o mi(s) proyecto(s) actuales me dejan tiempo para esto?

Una vez que planto la semilla acorde a mi terreno, y pongo en marcha las acciones necesarias para cuidar que la semilla germine, quizás estas acciones no tengan un efecto visible a corto plazo. Pero que no veamos cómo la semilla se abre y echa raíces (porque está bajo tierra), no significa que no esté sucediendo. Pasa lo mismo cuando queremos hacer algo de una forma diferente. Si por no ver resultado a corto plazo, dejamos de realizar estas acciones que van a hacer que salga el primer brote verde a la superficie, el proceso se paraliza. Así que, sigue cuidando la semilla y atendiendo a las necesidades de cada momento, con paciencia😋.

Cambiar la estructura de los propósitos. 

¡Ahora sí! Ya podemos entrar en el cómo hacemos que se den los cambios que deseamos. Gracias por tu paciencia hasta llegar hasta este punto.

Cuando pensamos en propósitos solemos usar la misma estructura: quiero/debería + acción + más/mejor/menos. Por ejemplo: quiero leer más, debería comer mejor, quiero usar menos tiempo el móvil. Y ahí nos quedamos.

No es que la estructura esté mal, es que lo hacemos poco concreto. Esa frase general y amplia, contiene uno o más de nuestros valores, como ya hemos visto. Aprender es un valor que puedo cultivar con acciones como leer, por eso mi objetivo puede ser leer más, o leer despacio, con atención. Este objetivo es más concreto que el propósito o valor, pero aún puede diluirse al no haber acciones más concretas que hagan mucho más probable que yo lea. 

Así pues, toca preguntarse ¿qué significa “más”, “menos” o “mejor”? Y, ¿de dónde partimos con cada uno?: cuánto estoy leyendo, con qué frecuencia, qué leo, en qué momentos me pongo a leer… Esto lo hemos reflexionado antes cuando hemos analizado nuestros hábitos.

Ahora, vamos a desglosar qué acciones harán que lea más, que esté comiendo mejor o esté usando menos tiempo el móvil. Recordamos que nos centramos en 2-3 cambios a la vez. Necesitamos facilitarnos la vida y ayudar a nuestro Yo de cada momento elegir la acción comprometida con el cambio y nuestros valores. 

Desglosar se puede ver así: 

  1. Elige en qué momento del día vas a llevarlos a cabo: antes o después de una rutina ya establecida. Por ejemplo: acción + después/antes + rutina establecida.
    1. Si para mi es importante aprender (valor), mi objetivo puede ser:
      Leer 30 minutos del libro “Título del libro” después de desayunar.
  2. Elige qué vas a hacer en los momentos donde con frecuencia eliges la acción que quieres disminuir. Por ejemplo: cuando esté con/en ____ + acción alternativa + acción para disminuir el hábito indeseado.
    1. Si estoy usando el móvil en las quedadas con mis amigos o familia, lo cual me dificulta mantener una conversación y estar atento a ellos, puede que mi objetivo sea  pasar menos tiempo con el móvil para pasar tiempo de calidad con mi familia o amigos (valor). Así que, me propongo:
      Cuando esté con mis amigos, participaré en la conversación o escucharé, y tendré el móvil silenciado y guardado fuera de mi vista.
    2. Si pretendo comer mejor, lo que para mí podría traducirse en comer más fruta y verdura y menos ultraprocesados, porque para mí es importante cuidar de mi salud (valor); mis acciones concretas pueden ser:
      Comprar fruta que me guste, ponerla más a mi vista y alcance, y comprar menos ultraprocesados. 
  3. Conecta con una virtud o actitud que quieres mantener al hacer esa acción. Puede ser la paciencia, la curiosidad, la amabilidad, la presencia, la escucha, la calma…
    1. Cuando lea, lo haré con calma y curiosidad.
    2. Cuando hable con mis amigos/familia, pondré atención y escucha activa.

¿Cómo quedan los tuyos? Vuelve a la plantilla y rellena la sección de “Cuidados para mis valores”

Algo muy importante a tener en cuenta y que va a influir en la construcción de nuevos hábitos, es la flexibilidad. Cuando planteamos nuevos y renovados “Yo”, solemos caer en el todo o nada, siempre o nunca; un planteamiento inflexible donde no se tienen en cuenta ni se permiten las circunstancias variables de la vida. 

Es decir, podemos comer frutas y ultraprocesados y no pasa nada, eso no nos alejará de nuestro valor de cuidar la salud y el objetivo de comer mejor, pero sí facilitará comer más saludable si ese es tu objetivo. No pasa nada si no consigo leer todos los días o la cantidad propuesta, no pasa nada si no puedo ir un día al gimnasio. Lo importante aquí es ser flexibles, atender a las necesidades de cada momento y ajustar para poder seguir caminando hacia mis valores.

Nos ayuda a mantenernos en el proceso de cambio de hábitos, recordar por qué es importante para mi estar haciendo esta acción concreta. A veces, nos saldrá por inercia lo que hacíamos antes, ten buenas palabras para ti en estos momentos, no has tirado todo por tierra, es parte del cambio, continúa cultivando tu semilla.

Por último, si quieres aumentar la probabilidad de llegar a fin de año y sentirte realizada o realizado con tus propósitos de este año, te convendrá ir revisando cada cierto tiempo si sigues actuando a favor. Cuando hacemos una evaluación anual y vemos toooodo el tiempo que tenemos para cumplir algo, nos solemos relajar y pensar “ya lo haré”. En cambio, si cada 3-4 meses hago un pequeño alto en el camino, me será más fácil recalcular mi ruta, en caso necesario.

Eeeeeeeen resumen,

  1. Lo primero y más importante es distinguir los propósitos que conectan con mis valores de aquellos que no tienen sentido para mi. Como hacer un filtrado.
  2. Conectar con mis valores, lo que es realmente importante para mi, es fundamental para guiar el proceso y mantenerme en acciones comprometidas.
  3. Analizar mis hábitos. ¿Están mis acciones en consonancia con mis valores? ¿Qué necesito cambiar? A veces, no es necesario un cambio, al analizarlo soy consciente de que ya me muevo hacia mis valores y mi objetivo es continuar por donde voy. Otras veces, solo será necesario algunos ajustes. Y en otras ocasiones, será necesario implementar acciones desde cero y facilitar estas frente a otras.
  4. Concretar y desglosar los propósitos y objetivos en acciones concretas, para facilitar la puesta en práctica de los nuevos hábitos. Esto no asegura que siempre se cumpla, pero aumentará las probabilidades de que elijas la acción acorde al valor.
  5. Es recomendable, cada cierto tiempo, reevaluar dónde me encuentro y si necesito reajustar algo. Esto no es más que revisar mi lista o diario (allá donde escribiera sobre esto) y analizar los hábitos que mantengo en ese momento.
  6. Recuerda durante todo el proceso mantener una actitud comprensiva y compasiva. Trata de no engancharte a las valoraciones negativas que aparezcan, autolatigarte no favorece el cambio hacia dónde quieres ir, sino que aumenta la sensación de culpa y la autoexigencia, que se asocia más a la inmovilidad y el bloqueo. Sé paciente y flexible, los resultados no aparecen en el corto plazo, pero que no se vean no significa que no estén sucediendo. No pongas tus energías y expectativas solo en el resultado (futuro a largo plazo), el proceso, el camino, es más importante, ahí es donde puedes actuar e influir (aquí y ahora, el presente). Cuando sientas que es difícil, recuerda por qué lo haces.

Ahora que ya tienes todo lo que necesitas saber para tus propósitos de año nuevo (o de cuando sean), solo queda ir dando pequeños pasitos, ir regando la semilla con tiempo, con pausa, con curiosidad y paciencia. El resultado de tus acciones ya se verá. 

¡Ánimo y a por ello!

Si te ha gustado y te ha parecido útil, déjanos un comentario o escríbenos, agradecemos tu feedback. Y si aún con todo lo que has trabajado con nosotras a lo largo de este blog y las plantillas que te hemos dejado, no es suficiente o te resulta difícil aclarar tus valores, podemos clarificar todo este tema de los valores y propósitos personales en sesiones individuales. Puedes pedirnos cita a través del formulario de la web.

Todas las ilustraciones de la mano de la artista Noemi Miranda, @noemiranda.studio